4 consejos para visitar lugares religiosos de manera respetuosa

O cómo tener una experiencia iluminadora sin cruzar fronteras indebidas

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Hacer turismo es un gran privilegio que no todo el mundo se puede permitir, pero parece que cada vez se está haciendo más accesible, lo que conlleva una responsabilidad: la de comportarse con respeto en los lugares que visitamos. Hay una gran diferencia entre mirar (uno de los grandes placeres de viajar) y mirar descaradamente (de manera irrespetuosa, pudiendo herir la sensibilidad de los locales).

Uno de los principales sitios donde tendemos a olvidar esta distinción es en lugares religiosos. Puedes ser ateo y visitar lugares donde hay gente celebrando otras religiones. Es atractivo, interesante, y visitar templos, catedrales, mezquitas, lugares de peregrinaje, etc., puede ser una de las cosas más interesantes de tu viaje. Pero aprender a mirar con respeto puede influir en el trato que recibas: un mínimo matiz hará que pases de sentirte como un visitante aceptado a intruso. La línea entre estos dos conceptos es muy delgada, por lo que seguir los siguientes consejos te ayudará a ser bien recibido:

#1: No hagas demasiadas fotos, ni siquiera aunque esté permitido

Esta es quizá la regla más dura, pero también la menos intuitiva de todas, y sólo se aplica – como el resto de consejos – a lugares activos de devoción o rezo (no iglesias que han sido transformadas en museos por ejemplo).

Desde que el turismo se hizo masivo, y más concretamente desde la llegada de los smartphones, muchos lugares que antes incluso prohibían la fotografía simplemente se han plantado. Es demasiado difícil de controlar que nadie haga fotos en un mundo en el que todo el mundo tiene una cámara en su bolsillo. El hecho de que no haya una señal específica que diga que no se permite fotografiar no significa que debas hacer fotos.

Sí, ya sé que el resto de la gente lo va a hacer. Y que tú, un humano moderno y razonable, eres capaz de ver la belleza de la arquitectura, pintura, escultura, luz, e incluso de los creyentes que rezan. Pero la verdadera razón por la que todo funciona tan bien en conjunción, y la razón de que tú estés ahí, es que la gente que lo diseñó y los creyentes que rezan, meditan, cantan o predican lo ven como un conjunto.

Si no eres un fotógrafo profesional, hacer una foto es justo lo que define la diferencia entre observar y mirar indiscretamente. Mirar un lugar a través de una lente, contigo a un lado y lo demás al otro, enfatiza el hecho de que no perteneces a ese sitio, que simplemente estás siendo tolerado en lugar de ser bienvenido. Si buscas en internet puedes encontrar fotos de prácticamente todo. Míralas después de visitar estos lugares religiosos. Pero mientras estés allí, intenta sólo mirar con tus ojos.

#2: Presta atención a la gente que parece que pertenece a ese lugar

No todos los lugares religiosos y espirituales son iguales. Algunos, como la típica catedral católica, son oscuros y silenciosos para fomentar la oración y la predicación. Otros, como ciertos templos budistas, bullen al sonido de gongs y cánticos. Algunas estatuas y pinturas están hechas para ser tocadas, otras no. Algunos son lugares de evangelización y conversión, fomentando la llegada de nuevos visitantes, mientras que otros son sitios donde la gente ha muerto por sus creencias, lo que suplica bajar la cabeza y cerrar la boca.

Normalmente es fácil darse cuenta de quién es asiduo al lugar. Tendrán su sitio (ya sea una silla o el suelo). Caminarán con determinación en lugar de deambular como lo hará un turista, y puede que se encuentren con otra gente que conocen y entablen conversación, se sienten juntos, etc.

¿Tienen aún los zapatos puestos? ¿Y tú? ¿Llevan la cabeza cubierta? ¿Y el resto del cuerpo? ¿Hacen algún gesto en algún lugar concreto? ¿Hay alguna parte del templo a la que los lugareños no acceden? Incluso si no hay señales, o las hay pero están en un idioma que no entiendes, actúa como lo hacen los locales y no vayas a espacios vacíos o a través de puertas sin marcar. La curiosidad es admirable entre turistas, pero entrar sin derecho no.

#3: Pasa al menos cinco minutos en un lado mirando, escuchando, oliendo, aprendiendo

Estos lugares son, casi sin excepción, sitios de contemplación. Puede que quieras contemplar cosas diferentes a los creyentes y devotos, pero trata de buscar tu propia forma de contemplar, sin estar en medio ni estorbar. Descubre texturas, aromas, mira arriba, abajo, fíjate en lo que hace la gente con sus manos, sus pies, sus labios. ¿Por dónde entra la luz? ¿Qué ilumina? Estos lugares son importantes cultural e históricamente porque son lugares espirituales. Suelen ser un reflejo de las ciudades, regiones, países y creencias donde se encuentran, y entenderás mejor el país donde estés si entiendes sus lugares de culto.

#4: Si hay una caja para donativos, dona

Estos lugares nunca fueron hechos para turistas, pero el mundo ha cambiado y los ha convertido en atracciones. Si estás en un edificio antiguo, o en un monumento, fíjate en cómo el paso de los años ha dañado la piedra, la madera, el metal, y recuerda que tanto tú como los miles y millones como tú que visitáis ese lugar habéis contribuido al daño probablemente más en los últimos diez años que los locales en los siglos antes de que se convirtiera en atracción turística. Y entonces te darás cuenta que reparar y limpiar cuesta dinero. Algunos lugares cobran por entrar por este motivo, pero la mayoría no. Busca una caja de donativos – algunas están en la entrada, otras cerca de las velas, altares o salas adyacentes – y dona algo de dinero. ¿Cuánto donar? ¿Cuánto te ha costado la última bebida que has comprado? Con eso bastará 😉

Photo by Artem Bali on Unsplash

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