6 trucos para disfrutar de la comida de cualquier país

Probar comida local es uno de los mejores modos de descubrir un lugar nuevo. Pero no siempre es fácil acercarse a sabores desconocidos sin miedo.

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Aquí tienes seis consejos para que disfrutes de experiencias culinarias enriquecedoras:

#1. Prueba lo que no conoces

Este es el principal consejo. Viajar es probar. Es aprender, es poner tu país en perspectiva. Pero sobre todo, son historias. Y las historias sobre comida son unas de las mejores. Puedes intentar describir lo que se siente al perderse por un zoco en Marrakech, las fotos ayudan, pero la comida es algo más visceral. Habla sobre el zoco y tus oyentes se entretendrán. Pero cuéntales sobre el día que pediste b’stilla y se les abrirán los ojos y preguntarán: “¿Has comido paloma? ¿Cómo es?”

Pero más allá de asombrar a tus amigos y familia, podrás contarles cómo fue la experiencia de pedir la única cosa que había en el menú que no conocías, tu sorpresa al descubrir que era un pastel de paloma, y mejor aún, el asombro al descubrir que no sabe a pollo.

El mundo está lleno de estas experiencias gustativas, y no tienes que ir hasta Marruecos para disfrutarlas. Ve a Madrid y pide unas gallinejas, o a Oxford y prueba el venado.

Conviértelo en un hábito. Mira el menú y encuentra lo que no tienes ni idea que puede ser, y pídelo. No siempre te gustará, pero al menos tendrás una historia que contar.

#2. Come lo que ya conoces

Es muy probable que vivas donde vivas haya restaurantes de comida extranjera. Y puede que te encante su pad thai, los noodles de Singapur, o los tacos. Puede que incluso seas la típica persona que diga: “Me encanta el falafel o soy adicta al humus.”

Es verdad que muchos de estos restaurantes, tanto en ciudades grandes como pequeñas, están dirigidos por inmigrantes de los países en cuestión (la gran excepción son muchos de los restaurantes japoneses). Pero también es verdad que no todos los ingredientes están disponibles en todo el mundo, y cuando lo están, no saben igual. Cuando estuve en Nepal hice un curso de cocina donde aprendí a preparar momos. Aprendí lo importante que son las especias que lo aderezan y que normalmente sólo están disponibles en esa región. Oxford está lleno de restaurantes nepalíes y hacen incluso ferias donde puedes comprar momos. Y por muy buenos que están, no saben igual que los que comí en Nepal.

Así que pide rendang en Kuala Lumpur, falafel en Jordania, kebab en Irán, y volverás a casa habiendo aprendido lo diferente que pueden llegar a ser si los comparas con los restaurantes internacionales de tu barrio.

#3. Los signos de calidad a veces no son intuitivos

Me di cuenta de cuánto juzgamos a los restaurantes por sus letreros y diseño cuando comencé a viajar. En casa, es bastante probable que si un restaurador pone empeño en su local invierta dinero en letreros, logos, etc. Hay excepciones por supuesto, pero en general un buen logo suele significar buena comida.

Esto no es así en todo el mundo.

Pongamos por ejemplo Teherán. Recorriendo las callejuelas del bazar encontré un restaurante al que jamás habría mirado dos veces, sin señal que indicara lo que vendían, con gente gritando dentro, camareros sudando, sartenes hirviendo… y sin embargo puedo decir que fue quizá la mejor comida de todas en las que probé en Irán.

Sin embargo creo que me atreví a entrar a ese restaurante porque llegué a la conclusión de que todos los restaurantes tenían igual de mala pinta por fuera. Marketing, posicionamiento de marca, diseño interior – éstos no son conceptos universales. Alguna gente en ciertas partes del mundo simplemente vende comida porque están demasiado ocupados o son demasiado pobres. Cuando estás en casa quieres ir a los mejores sitios, a probar el último restaurante que han abierto en el centro, o al local de ese chef que sale en la tele. Pero cuando estás viajando, normalmente quieres probar lo auténticamente local, y eso suele ser comida sin miramientos.

Por lo que deja atrás tus instintos urbanitas y entra por esa puerta. Pasarás un buen rato.

#4. Si algo no te ha gustado, pruébalo de nuevo

Has sido valiente, has pedido hígado de pescado en Tailandia, o insectos en Camboya, y no te gustaron. Ok, no pasa nada. Simplemente no eres un amante del hígado de pescado.

Pero, quizá sí que lo eres.

Quizá tuviste mala suerte y no estaba bien cocinado, o no eran producto de buena calidad. Quizá hay diferentes maneras de cocinarlos, y has probado justo la que no te gusta. O quizá estabas tan tensa con la posibilidad de comer algo que en tu cabeza iba a ser asqueroso que no te has dejado llevar por el sabor en sí, sino por lo que pensabas al coger esas patitas peludas.

No estoy diciendo que te tenga que gustar todo. Hay cosas que saben asquerosas. Pero date una segunda oportunidad.

Una gran parte de lo que decidimos que nos gusta o no nos gusta es mental, y dándote cuenta de ello es importante. ¿Cuál es la diferencia entre las patitas de una gamba y las de un saltamontes? ¿Por qué uno nos encanta y el otro nos repugna?

#5. Pregunta a los locales, no te dejes llevar por las masas

El problema con las masas es que son mediocres, y tú no quieres ser mediocre cuando viajas. Cuando estás en otro país es mejor preguntar a un local que tirar de alguna página web que nos recomiende comida. Sólo preguntando a locales encontrarás rincones auténticos.

#6. La Street Food está rica. Riquísima. Y no pasa nada por comerla

Los europeos urbanitas solemos sospechar de cualquier puesto de street food. Pero es en la calle donde muchas de las mejores comidas internacionales se originan. Satay (los kebabs de pollo) comenzó como street food, así como lo hicieron los tacos y el pad thai, las ostras y el ramen. Y esa comida no se hizo famosa porque te ponías malo si la probabas. Muchos vendedores callejeros montan sus carros, quioscos, puestos y mesitas de la misma manera día tras día, y si cualquiera de ellos hiciera a sus clientes enfermar estarían echando tierra sobre su propio tejado.

Es cierto que la flora estomacal es diferente de un sitio a otro, pero si sigues una regla básica — la que yo he seguido comiendo street food desde Jaipur hasta Phnom Penh — no tendrás nada de lo que preocuparte: busca el calor. Si te aseguras que lo que sea que vas a comer sale directamente del fuego, del horno, burbujea o echa humo, tendrás las mismas probabilidades de ponerte malo como en cualquier otro restaurante en casa. El calor mata prácticamente todo lo que puede ponerte malo en la comida. Por fortuna, la mayoría de los puestos de street food que te llamarán la atención sirven comida así, justamente por esa razón.

Jamás pensé que iba a comer rata, sin embargo cuando la probé a la barbacoa en las afueras de una ciudad de Camboya me gustó. Y lo mejor de todo: no me puse mala. Así que prueba, experimenta, teniendo un poco de cabeza descubrirás sabores increíbles.

Photo by Agathe Marty on Unsplash

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