Estrellas fugaces en el desierto de Kaluts

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Por fin llegó el momento que tanto estaba esperando! Quizá razón por la cual decidí coordinar este viaje a Irán, y sin duda lo que más ganas tenía de ver de todo el país: el desierto de Kaluts. Pero vayamos paso a paso 😉

Para llegar a los kaluts lo básico es llegar a Kerman (ciudad más poblada “cercana” a este desierto – unas dos horas) para desde ahí contratar algún guía experimentado que te lleve a lo que dicen es el desierto más cálido del mundo, con temperaturas a mediodía de unos 65ºC.

Los kaluts son formaciones que te harán sentir como en el “Dead Valley” americano: mesetas erosionadas reminiscencia de un antiguo océano donde no hay vida. El calor al llegar es insoportable (al atardecer 45ºC) y se mete por la suela de las zapatillas. Pero merece la pena, ya que es una experiencia para los sentidos: el tacto, por ese calor seco, casi fuego, que se siente (yo nunca había sentido algo igual); la vista, porque estás en lo que podría ser una película ambientada en Marte; y lo más impactante el oído, porque es el silencio absoluto.

Aprovechamos el atardecer para hacer algunas fotos y visitar un río salado que hay en mitad del desierto (sí, un río de sal), y cuando anochece nos recostamos sobre las rocas a disfrutar del maravilloso cielo estrellado. No hay contaminación lumínica por lo que ver las estrellas es una maravilla: la Vía Láctea se ve a simple vista, constelaciones, y muchas estrellas fugaces. Una experiencia mágica.

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