¿Y por qué vas a Irán?

0
300
views

Es la pregunta con la que, hasta ahora, todo el mundo me ha contestado cuando digo que voy a Irán. Caras de susto, disgusto o preocupación, acompañadas de frases del tipo “¿no tenías otro sitio donde ir?“, “a ver si os va a pasar algo” o “Irán y no volverán” son la norma.

Parece que la frase “Me voy a Irán de vacaciones”, especialmente saliendo de la boca de una chica, deja a la gente perpleja. La primera reacción son un par de segundos de shock (“¿La loca ésta ha dicho Irán?“), seguidos de una serie de escenas mentales donde ISIS, lapidación, terrorismo, guerra, atentados, armas y destrucción pasan por la cabeza del interlocutor de turno. Cuando vuelven a la tierra, con cara de pánico y entre susurros, acaban con la típica frase de “¿Y por qué vas a Irán?

Sí, amigxs. Me voy a la República Islámica de Irán. Al Eje del Mal como diría Bush.

Pero… ¿qué pasa con Irán? En el imaginario occidental es un destino terriblemente oscuro, lejano y desconocido. Los medios de comunicación se han encargado (con gran éxito por lo que parece) de meternos en la cabeza estereotipos que, en boca de otros viajeros, se desmontan totalmente cuando visitas el país. Hablan de la hospitalidad de sus gentes, de paisajes de película, de una arquitectura impresionante, de historia esculpida durante siglos, de poetas, de gente educada y culta, de un territorio tranquilo y seguro, de un país que se va abriendo poco a poco y que acoge al viajero con los brazos abiertos.

Así que sí, señorxs, me voy a Irán con la intención de desmontar estereotipos. Porque la única forma de entender un país es adentrándose en sus entrañas. Y el único modo de crearse una opinión formada es viviéndolo en primera persona, sin información sesgada de por medio.

Inspirado en los artículos de Carlota Miranda.
Vídeo de Tolt.
Photo by Steven Su on Unsplash.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here