De zoroastras, pueblos fantasma y casas de fuerza

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Seguimos recorriendo Irán, ahora poniendo rumbo al Sur. Y aunque los Kaluts es mi destino final, hay mucho que ver y disfrutar de camino a lo que dicen es el desierto más cálido del mundo.

Dejamos Isfahan para ponernos rumbo a Yazd, en lo que será un día largo de viaje, ya que paramos en diferentes puntos de camino. La primera parada será Meybod, donde además de una citadela impresionante, quizá lo que más me llamó la atención fue la “Pigeon Tower” o Torre para Palomas. Son unas construcciones muy curiosas, siendo una torre con miles de agujeros donde las palomas hacen sus nidos, y su función era la de atraer al mayor número de aves para poder recolectar la mayor cantidad de “guano” (sus excrementos), muy cotizados como fertilizantes hace cientos de años.

La siguiente parada será en mitad de la nada, en lo alto de una montaña en el pueblito de Chak Chak, donde hay un famoso templo zoroástrico y centro de peregrinación de zoroastras. Cada año devotos de Irán, India, Canadá, etc. vienen a este templo, cuya leyenda cuenta que Nikbanou, segunda hija del emperador persa pre-islámico, fue acorralada por el ejército árabe en el 640 D.C. Nikbanou comenzó a rezar para protegerse de sus enemigos, y en respuesta a sus plegarias la montaña se abrió milagrosamente y la cobijó de los intrusos. En la cueva donde está el templo hay un goteo constante de agua que viene de las montañas, y se dice que estas gotas son lágrimas en recuerdo de Nikbanou. También hay un inmenso árbol que se dice que nació del bastón que llevaba Nikbanou. En la actualidad hay un fuego que se mantiene siempre encendido en el santuario.

Tras reponer fuerzas con el agua zoroástrica llegamos a Kharanaq, la visita TOP del día, una especie de pueblo fantasma de adobe con unos 1000 años de antigüedad. Perderse por sus callejuelas y disfrutar del atardecer con temperaturas más frescas es inmejorable.

Y por fin llegamos a Yazd, una de las ciudades más antiguas y de mayor importancia de Irán. Famosa por sus torres del viento (estructuras que hacían de aire acondicionado hace cientos de años), sin duda la experiencia más inmersiva que vivimos fue el visitar un zoorkhanéh en pleno apogeo. Estas llamadas “casas de fuerza” son una especie de gimnasios donde antiguamente entrenaban los atletas y guerreros de Irán. Guiados por los cánticos, plegarias y música de un chiíta o sufí, niños y mayores entrenan con objetos rudimentarios su cuerpo. Aquí un ejemplo:

Dejaremos Yazd para poner rumbo a lo que tanto llevaba esperando: el desierto de Kaluts. Más en el siguiente post  🙂

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